La banda del carnaval arrancó siguiendo la tradición: Decenas de percusionistas sonaron sus tambores, enviando un ruido sordo como el eco sostenido de un trueno entre los rascacielos del centro de Río de Janeiro. Las panderetas respondieron con su tintineo por encima del resonante llamado de los tambores. Los bailarines atacaron con un estruendo, levantando las manos y moviendo los pies a un ritmo frenético.